Imaginémonos la carrocería retorciéndose, el ruido del aire, el sudor corriendo por el mono, un ruido ensordecedor tras nuestra nuca, los tirones al cambiar de marcha, que el cuello se quiere separar de tu cuerpo en cada giro, sentir los muros a medio milímetro de tu cara… lo que viene a ser un paseo en un coche de carreras aligerado y con un huevo de caballos.

Eso sí, es muy “Mónaco”, no quiero imaginarme un accidente en cadena en un circuito con tan poco sitio y con barreras tan duras como las que tiene.